David Alfonso Arellano Moraga debutó en Primera División en 1919 (a los 17 años) con Magallanes, pero de manera simultánea también defendía los colores de la Escuela Normal en el campeonato escolar. Tal vez nunca imaginó lo importante que sería ser uno de los fundadores de Colo-Colo (dónde también ofició de DT y jugador).

Desde un comienzo mostró sus habilidades, siendo campeón y goleador del “Manojito de Claveles” en 1920; ya para el año siguiente adoptó la posición de insider (actual mediapunta) por izquierda, que sería su principal puesto de desempeño en cancha hasta 1927.

En 1924 David Arellano debutó con la selección chilena. En la caída 2-0 frente a Argentina disputada el 25 de octubre en un partido válido por Campeonato Sudamericano de Uruguay. Aquella experiencia le hizo comprender lo gravitante que era jugar cotejos internacionales, al vivir en carne propia la superioridad de los combinados charrúa y trasandino que enfrentaban selecciones y equipos del viejo continente desde 1904; pero a nivel de clubes, Nacional (Uruguay), Paulistano (Brasil) y Boca Juniors (Argentina) no realizarían giras a Europa hasta mediados de los años 20.

Llegó el año 1925, algo ocurrió en la tienda albiblanca y los hermanos Arellano junto a otros jugadores de Magallanes tuvieron algunos desacuerdos con los dirigentes, motivo que los llevó a alejarse de la institución y crear un nuevo elenco, al que decidieron llamar Colo-Colo Football Club (en honor a un sabio cacique mapuche).

Ya con el equipo “iniciado”, David Arellano fue su primer capitán y DT. Buscó siempre innovar en el cuanto a entrenamiento e intentó hacer del ahora “eterno campeón” un equipo lo más profesional posible. Gracias a esto, es que el club después de alzar el trofeo de la Liga Metropolitana y resultar Campeón de Santiago en el mismo año de su fundación, tomó mayor fuerza en la mente de Arellano que se hiciera una gira internacional.

Para 1927, Colo-Colo se convirtió en la primera institución chilena que realizó y disputó una serie de encuentros fuera del país. Lamentablemente sería aquel periplo, el que llevaría en un viaje sin regreso a su capitán…

David Arellano jugó (obviamente) durante la gira y conforme sumaban encuentros, también popularizó “la chilena” en los partidos disputados en Europa. Venía de ser goleador en el Campeonato Sudamericano de 1926 con 7 anotaciones en 4 partidos, por lo que su nivel ya era un tanto superior y de hecho, lo hizo notar tanto en México, Cuba y Portugal antes de su último destino: España.

En este último país, Colo-Colo venció al Espanyol que tenía entre sus filas al primer crack del fútbol ibérico: Ricardo Zamora. Guardameta legendario, cuyo apellido está en el “Premio Zamora” (para el portero menos batido de La Liga) desde 1959. Con cada presentación del equipo chileno, crecía el interés de los lugares que visitaban (se dice que en la adversidad del marcador, David Arellano cambiaba y se volvía un hombre de temer, que siempre con buen juego y garra lograba levantar a sus compañeros para ir con todo por la victoria).

Después de aquel encuentro, llegó el 2 de mayo y el rival era el Valladolid, el que rápidamente se puso 2-0 en ventaja con anotaciones de “Barbachón” y “Pipi-Bombo”; pero aquella superioridad no duraría mucho, ya que el cacique despertó y como si de la Guerra de Arauco se tratase, “El Indio” empezó a atacar con calidad y fuerza. Esto llevó a que Subiadre marcara el descuento y posteriormente “El Negro” González empatara; pero esto no era suficiente y David Arellano comenzó a lucirse, buscando constantemente la portería rival… en una de esas jugadas, su hermano Francisco lanza un centro y David salta al cabezazo chocando con Hornia que era el centrohalf o centrojás (actual mediocampista central) y en la caída, una de las rodillas del jugador rival impacta al capitán, cayendo sin mostrar casi señales de vida. Yacía pálido, raudamente ingresó la camilla y luego la ambulancia, el partido continuó su curso, pero era imposible que el resto del equipo pensara en el encuentro.

Plantel de Colo-Colo previo a su duelo con el Real Valladolid (imagen vía wandersfutbol.com)

Agonizó en el Hotel Inglaterra luego de haber pasado por la clínica, un médico lo fue a visitar concluyendo su pronóstico de manera lapidaria… Era imposible que se salvara de la peritonitis traumática que lo afectaba, inclusive si era operado; sólo bastaba esperar el final. Pasó la noche y David no pudo casi dormir (sus amigos y compañeros tampoco, el capitán los abandonaba), el dolor lo aquejaba demasiado y con los ojos entrecerrados ya al amanecer pregunta si lo pueden operar. Su hermano Francisco y otros compañeros van raudos a buscar otro médico, al llegar uno, pregunta a que hora lo operan y el silencio fue la única respuesta que se le dio. Una vez que esto sucedió, pidió que le llevaran un sacerdote para poder confesarse y mientras llovía en Valladolid, Arellano emprendió su viaje a la eternidad.

Fue así como Colo-Colo adquirió su eterno luto en el escudo, en su primera gira y con la pérdida de quien había sido su mayor impulsor y hasta ese momento estandarte de la institución. Un hombre que buscó enaltecer el fútbol con roces a nivel internacional, que impregnó garra y también buscó mostrar que con buen fútbol (y sin fuerza extrema) los partidos pueden ser doblegados por más que el marcador sea adverso, un innovador para los entrenamientos y visionario en el aspecto de la importancia de los duelos internacionales para los clubes en el país, jugador que dijo adiós de manera temprana y que tristemente se convirtió en el primer mártir del fútbol chileno.

Los años siguen pasando y este día se mantiene latente, como dice su himno: “… por que el recuerdo de David Arellano, siempre nos guía por la senda triunfal…”.

Fotografía vía: Titular.cl