Nuevo año, nuevas competencias, hasta el momento los mismos resultados. Lejano se ve en el tiempo la última buena actuación de un elenco chileno en arenas internacionales, cuando la Universidad de Chile adiestrada por Jorge Sampaoli frustraba nuevamente su sueño de llegar a una final de Libertadores el año 2012 a manos de Boca Juniors en semifinales. Cinco años han pasado de aquel hecho y la realidad es una, los clubes del fútbol nacional hace rato que dejaron de existir en las competencias internacionales. ¿A qué se deberá esta debacle futbolística reciente? Analizamos algunos factores.

Hablar de una crisis del fútbol chileno a nivel internacional parece sonar extraño tras las dos Copas Américas conquistadas por el seleccionado mayor de Chile, pero justamente esa consecución de logros es lo extraño dentro de la realidad del futbol hoy. Simplemente no existe una correspondencia entre el gran avance que ha logrado “La Roja” a nivel internacional, con lo que ocurre en los diversos estamentos del fútbol chileno, desde su orgánica central como así también la que componen los clubes, sus espacios de desarrollo y proyección, agregando además las diversas áreas o ramas existentes (femenino, joven, talla baja, entre otros).

Enfoquemos la discusión en el fútbol profesional en primera instancia. El desorden que se vivió en ANFP tras la salida del mafioso Jadue, es una señal inequívoca que la casa no está limpia hace un buen rato, pues cuesta creer que el ex dirigente de Unión La Calera pudiese hacer tanto negocio negro en las narices de impávidos dirigentes excesivamente inocentes ante las maniobras de la “mafia”. Surge aquí entonces la primera pregunta de rigor, ¿interesa realmente el fútbol a los empresarios que hoy están insertos en la disciplina? Este cuestionamiento no es antojadizo en torno a la nueva configuración del fútbol que queda planteada en base a los lineamientos de la Ley 20.019, que no sólo configura la creación y existencia de las Sociedades Anónimas Deportivas y Profesionales, sino que fomenta el lucro excesivo en las más escuálidas condiciones fiscalizadoras tan propias del capitalismo actual. El cambio organizativo que se buscaba pregonar no fue tal, sino que ante las prácticas poco ortodoxas existentes en la última parte de los ’90 e inicios del nuevo milenio, se presentaron medidas maquilladoras que de cierta manera reforzaron ciertas prácticas vinculadas a la precariedad laboral y permitieron un progresivo avance de capitales privados en torno a Clubes Deportivos y Sociales que fueron quedando abajo del tren de avanzada comercial que se estacionó con propiedad a lo largo del camino del fútbol.

Esto inmediatamente plantea un escenario donde se hace necesario cuestionar las proyecciones (si es que existen) a corto, mediano y largo plazo en las organizaciones deportivas. Si sólo se vinculan al negocio, a la generación de liquidez, a la rentabilidad y a la venta constante de activos frescos, está bien, se entiende, la normativa legal lo permite, pero entonces eso nos obligaría a buscar canales de desarrollo socio – deportivo distintos y ahí la vorágine monetaria destruye por el momento, cualquier intento de disidencia deportiva. No es fácil por tanto replantear los cimientos del fútbol para generar un nuevo escenario de desarrollo válido, pues nos vemos enfrentados a la constante desvalorización de los proyectos deportivos, amparados en la urgencia de la inmediatez, ¿por qué esperar? Yo necesito logros ahora. Pero en esa urgencia de conseguir logros, copas, torneos, etc; ¿existe injerencia de entrenadores y otros profesionales de la disciplina? Es evidente que el Director Deportivo es un “agregado bonito” dentro de las dirigencias de los clubes a la espera que el hincha “compre” y “consuma” la idea de que se hace todo lo posible por armar un equipo “competitivo” al alcance lo que se puede pagar. Vida corta y rápida para equipos que se intentan nutrir de figuras para quedar abúlicos en menos de un año, vomitando lo que queda de dinero para intentar volver a inflarse con rimbombantes contrataciones que los medios de comunicación del amigo más cercano (o por qué no propios), se encargan de legitimar a diario, buscando que el mito se concrete. Hagamos el ejercicio simple de tratar de nombrar el a lo menos cinco procesos que haya experimentado el fútbol chileno en los últimos 10 años, tratemos de buscar un equipo en donde un DT haya estado presente por varias temporadas armando un plantel a su gusto, implementando su estilo, consiguiendo resultados y proyectando directrices futuras. Seguro nos costará trabajo consensuar algo.

Y si en base a lo que ya hemos comentado, seguimos la lógica del escrito será difícil preguntarse sobre dónde se están invirtiendo los fondos que se recaudan por medio del negocio futbolístico. Esa es tarea constante de investigación, poder dilucidar en estos momentos para que se utilizan los dineros y que injerencia en esas decisiones tienen los socios de los clubes. Se debe prestar cuidado de las visiones excesivamente románticas en torno a este tema, pues la pasión como tal ya pasó a ser un producto de consumo como cualquier otro y más allá del “querer que al equipo le vaya bien”, parecen no existir mayores preocupaciones de los hinchas y socios de los clubes en la actualidad, lo que no desconoce que existan movimientos con un carácter transformador importante. La misma lógica nos invita a reposicionar el rol del futbolista en tanto deportista, dentro del contexto que configura su vida laboral y lo relaciona socialmente en torno al trabajo, lo cual muchas veces se pasa por alto por la constante idolatría que se construye en torno a ellos, lo cual afecta las relaciones que pueden configurarse en torno a una nueva forma de organizar el deporte.

Y desde este último punto dejamos planteada la pregunta para seguir desarrollando un análisis del fútbol moderno:

¿Existen visiones político – sociales, culturales u otras que beneficien el desarrollo deportivo del país, comunidades, barrios o proyectos?

En el fútbol al menos, parece que no sólo se pierde o se gana por conseguir más o menos goles que el rival, está más que demostrado que hay una infinidad de factores que influyen en la obtención de logros o la pérdida de los mismos.