Era mediados de siglo XX, a poco de explotar la Segunda Guerra Mundial, una Hungría controlada por la Unión Soviética y que debía aliarse con ellos para combatir el régimen Nazi. Ferenc Purczeld, un futbolista húngaro de origen ario, debió cambiar su apellido y el de toda su familia en 1937 debido a que era “muy alemán” y no gozaba de buena reputación. Con esto, Ferenc lo adaptó al magiar, pueblo étnico de Hungría y lo transformó en Puskás, transmitiendo su herencia a su entorno en especial a su hijo también llamado Ferenc. Si lo traducimos al castellano, “Puskás” significa “escopeta”, término que no hizo más que presagiar el destino de uno de los máximos goleadores del fútbol mundial.

Este delantero de una zurda formidable nació un día como hoy pero de 1927 en la capital Budapest. Desde chico tuvo la rebeldía a flor de piel, usando el nombre de Miklós Kovács para saltar todos los protocolos antes de firmar a los 12 años por Kispest A.C., equipo donde jugó su padre. A punta de goles fue escalando hasta llegar al primer equipo , siendo muchas veces goleador del equipo pero sin conseguir el título de la mano de otro histórico: Bela Guttmann. Esto hasta 1950.

Con la ida de Guttmann a Italia, el equipo pasó al poder del Ministerio de Justicia, llamándose Budapesti Honvéd. Con esa transición, Puskás ganó cinco de seis ligas desde 1950 a 1955, coincidiendo en el equipo con otras figuras húngaras como Zoltán Czibor y Sándor Kocsis, jugadores que fueron fichados a través del método de reclutamiento. Su época de gloria en el club coincidió con le mejor generación de la Selección Húngara, alcanzando la final del mundial Suiza 54 y cayendo –de manera sorpresiva en ese tiempo- ante Alemania Federal, rival que ya habían vencido por un categórico 8-3 en la fase de grupos. Los húngaros llegaron al último partido con todos sus duelos ganados, incluido un 9-0 a Corea del Sur, sin embargo no esperaban que los germanos darían vuelta un 2-0 en contra para vencer por 3-2, torneo que tuvo como goleador a Kocsis con 11 tantos, mientras que Puskás convirtió cuatro. En ese momento nació la leyenda de los magiares mágicos; para muchos, los padres del “fútbol total”. Sin embargo, esa tendencia no duró mucho tiempo.

El 4 de noviembre de 1956, mientras el Budapest Honvéd empataba con el Athletic Bilbao en San Mamés por la Copa de Campeones, paralelamente estalló la revolución húngara, un evento que protestaba contra las medidas impuestas por la URSS en el país. Varios jugadores no volvieron más a su país, entre ellos Puskás que fue juzgado en ausencia como “traidor a la patria”. Tuvo ofertas para unirse a Juventus o al Milan, pero el castigo que le impuso la FIFA lo impidió. Pasó más de dos años buscando oportunidades en la Europa Occidental hasta que llegó su salvador: Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid decidió contar con sus servicios con toda la fanaticada y el técnico José Samitier en contra debido a sus 18 kilos de sobrepeso y a su avanzada edad (31 años). Finalmente se materializó el fichaje en 1958, coincidiendo en el equipo con Di Stefano, Kopa y Paco Gento.

Su primer año en la Casa Blanca no fue fácil debido a la adaptación a otra cultura y el idioma, pero con el tiempo logró hacerse un espacio en el equipo y en la hinchada gracias a su juego, goles y simpatía, ganando dos Copas de Europa, sumando el quintete logrado por el club a fines de los 50 e inicios de los 60, además de cinco ligas, una Copa del Generalísimo (actual Copa del Rey) y cuatro pichichis como goleador del fútbol español. Esto, con la ayuda de Bernabéu y con el todavía castigo impuesto hacia él en Hungría, obtuvo la nacionalidad española, castellanizando su nombre a Francisco (“Pancho” para sus amigos), lo que le permitió participar también por su selección en cuatro oportunidades, tres en el mundial de Chile 62.

Tras ocho temporadas en Madrid, finalmente decide colgar los botines en 1966, dejando unos números increíbles: 242 goles en 262 partidos con la casaca blanca, tercer goleador histórico en su tiempo (antes de la aparición de Cristiano Ronaldo y Raúl). Tras su retiro, decidió instalarse definitivamente en la capital española, iniciando una carrera empresarial con una fábrica de salchichas, negocio que fracasó poco tiempo después. Esto permitió su regreso al fútbol pero en calidad de técnico, carrera que fue más intermitente.

En 23 años dirigió trece equipos pero sin ganar ningún campeonato; pasando por España, Norteamérica, Grecia, Paraguay, Egipto, Australia y Chile. Sí, leyó bien. Ferenc pudo dirigir en nuestro país en 1977 a Colo-Colo. Fue contratado para sacar de la crisis a un equipo que no ganaba un título desde 1972, contado en su plantel jugadores como Raúl Ormeño y Francisco “Chamaco” Valdés. Si bien llevó al Cacique ideas revolucionarias en su tiempo, la indisciplina, el desorden de sus jugadores y el mal manejo de dinero de las dirigencia –teniendo como prioridad la construcción del Estadio Monumental- impidió que el “Cañoncito” pudiese continuar en la banca del popular, terminando cuarto en el campeonato y dejando el cargo ese mismo año para recalar en el AEK de Atenas.

Su castigo en Hungría terminó en 1981, volviendo a sus tierras pero instalándose definitivamente en 1992. En reconocimiento a su trayectoria, al año siguiente la Federación de ese país le dio el cargo de seleccionador del equipo nacional, dirigiendo solo cuatro partidos. En 2000 sufriría una triste noticia: fue diagnosticado de arterioesclerosis cerebral, el primer paso para su posterior alzhéimer. Puskás estuvo en tratamiento permanente en una clínica de Budapest, salvo algunas excepciones cuando salía para recibir un homenaje. Su enfermedad fue aumentando con el tiempo, logrando llevarse al ex futbolista el 19 de noviembre de 2006 a los 79 años.

Su deceso enlutó al mundo del fútbol, en especial a su natal Hungría -el estadio nacional lleva su nombre en su honor- y a España, su segunda casa. Con el tiempo son varios los homenajes póstumos que ha recibido el zurdo, entre ellos el premio FIFA que lleva su nombre al mejor gol del año, instaurado en 2009. Un hombre que a pesar de sus problemas políticos y físicos, logró entrar en los corazones de los hinchas y en la historia grande de este deporte. siendo hasta hoy máximo goleador histórico del combinado húngaro (84 goles en 89 participaciones) y promediando un gol por partido en toda su carrera (617 en 616 partidos) y logrando participar por dos selecciones nacionales en dos mundiales distintos. Una zurda potente que deslumbró en variados estadios, inmortalizando a Ferenc/Francisco Puskás como el líder de los eternos magiares mágicos.