Es difícil hablar de la temporalidad en el fútbol, pues muchos equipos han marcado épocas, algunos jugadores han resaltado en momentos particulares y es complejo ser del todo objetivo al momento de determinar algún axioma para el “deporte rey”. Lo que sí parece estar más que claro, es que cuando hay talento, proyección y trabajo, el éxito está garantizado y de eso por fin, pudieron volver a probar en forma incipiente en Calama. El regreso de José Sulantay al fútbol profesional, no hizo más que volver a regalar algunas alegrías en Cobreloa.

Que estaba viejo y que su fútbol hace bastantes años que no se probaba en el primer orden competitivo. Frases que resonaban en la espera de que José Sulantay, aquel entrenador que en 1992 había conseguido un título dirigiendo a Cobreloa marcando un récord de imbatibilidad, volviera a calzarse el buzo naranja. Lo cierto es que la realidad fue muy distinta a lo que por ahí podía preverse, demostrándose una vez más que en el fútbol como en muchos ámbitos de la vida, no existe la suerte ni “el momento”, cuando se sabe, los resultados positivos llegan. El “Negro” trae a cuestas la no menor chapa de haber sido uno de los formadores del actual nivel de futbolistas chilenos que engrosan las planillas de grandes equipos en el orbe, esos que tantas alegrías le han entregado a la selección en los últimos años. Pero la pregunta es válida para el suspicaz y el siempre bien ponderado “realista” del fútbol; ¿está José Sulantay para el profesionalismo?

Como en todo buen proceso costó afianzar la idea, como no, si Cobreloa gracias a paupérrimas campañas y aún peores decisiones dirigenciales, carecía totalmente de algo sólido sobre lo cual cimentar un futuro. Pero de a poco, Sulantay y su cuerpo técnico fueron nutriendo a los “Zorros del Desierto” de una nueva identidad, tratando de reencontrar esa magullada historia que hablaba de imbatibles en la tierra del cobre y de héroes en la lejanía de la segunda región. Hoy el presente es distinto y de héroes sólo quedan las esperanzas de ver a un plantel que devuelva a la Primera División a los naranjas. 27 puntos gracias a 8 triunfos en 14 partidos y 31 goles a favor, son sólo un botón de la capacidad de un hombre que en base al cariño profesado hacia la institución apostó a formar parte de su resurgimiento. Revitalizó un plantel, le dio nuevos aires a jugadores que parecían no poder entregar nada más que su voluntad y poco a poco re encontó al siempre difícil hincha loíno.

José Sulantay puede acusar el paso de los años, puede ver lejanas sus grandes victorias futbolísticas, pero volvió a demostrar un cuento de nunca acabar en el fútbol. Que está todo inventado, que no hay mayores fórmulas para dar sorpresas se suele escuchar en boca de muchos comentaristas deportivos, pues bien, si es así, no ponderemos a la baja la reinvención, porque si hay fórmulas probadas, eso no significa que den resultados en todas partes y por tanto los diversos matices con que se enfrenten las diferentes realidades, siempre darán cuenta de que se está frente a alguien que sabe utilizar la fórmula en base a lo que tiene y no se lamenta por lo que le gustaría poseer. Que en Calama valoren lo que tienen, que don José ya les marcó el camino para el regreso en grande.

Compartir
Artículo anteriorCuando la máquina superó al humano
Artículo siguienteEl legado de Heynckess

Sociólogo, convencido de que el deporte constituye un espacio de organización social y cultural digno de analizar, potenciar y construir diariamente.

Osornino errante en Santiago.

Director de los Medios Digitales Pasión de Hincha.