La selección de fútbol de Brasil vivió un periodo oscuro en cuanto a su forma de plantearse ante el deporte más popular del mundo. Aquellos que dominaban el balón, el estilo, la gracia y la magia cómo quien prolonga su cuerpo en una esfera, habían perdido el encanto por el juego. El insípido seleccionado de Dunga dio pasó a la resurrección completa de un estilo, de una cultura de juego que parecía haber quedado olvidada, pero que gracias  a Dios como se repite en cada calle de Sao Paulo, volvió para quedarse. Los “Malandros” están de vuelta.

Qué el fútbol no es cultural, debe ser una de las mentiras más grandes de los últimos dos siglos. El fútbol ha sabido condensar a la sociedad dentro de un contexto deportivo, como nunca se pensó podría suceder. En el entramado del juego se expresan vivencia a nivel país, se rompen esquemas, se revitalizan paradigmas, se desarrollan identidades y se crean figuras sociales que se enraízan a diario en nuestro quehacer. De no ser así, no tendríamos esos tan rebuscados y manoseados “ídolos”.

Cuando Brasil optó por el desarrollismo como política de Estado, basando esto en dos grandes ciudades como Sao Paulo y Porto Alegre, la vorágine del desarrollo económico y por sobre todo comercial, parece haberse filtrado y trastocado la fibra más íntima de un fútbol que románticamente podríamos decir, no se contaminaba en su esencia más pura y básica, la del juego. Porto Alegre con sus “gaúchos” y Sao Paulo con su cultura “malandra” sabían de lo que era entregar buenos futbolistas al mundo, de esos que disfrutaban el juego, sonreían mientras chutaban y no se cansaban de correr para celebrar. Pero en determinado momento, el mercado se expandió y esas promisorias figuras no tenían cabida en su tierra natal, como no, si eran producto de exportación de primera calidad. Clubes europeos empezaron a nutrirse de esta producción, cambiando el goce del juego, por el rendimiento de la inversión. El fútbol brasileño poco a poco se fue apagando, claro, si traicionaba sus raíces.

¿Qué tiene que ver esto con fútbol? ¿En qué punto encuentra correspondencia con el resurgir de la “canarinha” en la última parte de estás clasificatorias?

Adenor Leonardo Bacchi, mejor y más conocido por estos días como Tite, es el actual entrenador de la Selección de Fútbol de Brasil. Ex futbolista de corta carrera, como DT supo entregarle al fútbol todo lo que con los pies no pudo concretar. “Gaúcho” como pocos, supo ganarse el corazón de Gremio e Internacional, rivales de toda la vida en las tierras de la samba. Por si faltara algún equipo importante para nutrir su currículum de Director Técnico, tuvo la desfachatez de sentarse en el banco del Corinthians. Campeón de la Copa Sudamericana 2008, Copa Libertadores y Mundial del Clubes en 2012, se erigió como el candidato predilecto para reemplazar a Dunga en el plantel de honor brasileño. Por si fuera poco, el 2011 cuando el “Timao” estaba en crisis y confió en él para revitalizar al club, lo coronó campeón. Palmares de sobra.

Como profesional se le destaca su carácter y ética al momento de dirigir, la forma que tiene de trabajar a sus equipos, dotándolos de eficiencia, intensidad, acompañada de aplicación y disciplina táctica. La paciencia, como en su persona, es uno de los sellos de su juego.

La tarea de recomponer a Brasil no era fácil, pero la fórmula era sencilla. Volver a las raíces culturales de un juego que siempre les fue natural. Disfrutar del fútbol, en donde la opinión de jugadores, cuerpo técnico y hasta periodistas es considerada al momento de plantearse una forma de trabajo; perderle el miedo al balón, triangular, hacerlo propio, con jugadores que independientemente estén presentes en la oncena titular, forman parte de un todo que sigue funcionando igual independientemente de los nombres. El fútbol volvió a sentirse como algo propio en Brasil, la tensión de demostrar que los millones le dan valía al grupo quedó atrás, cambiando el discurso por la valía del goce en torno a un juego que históricamente nunca les dio la espalda ¿por qué tenían que ser ellos los que voltearan?

De frente al arco, con la pelota contra el pasto y bien pegada al pie, los “gaúchos” y “malandros” volvieron a correr libremente por la cancha, como en las calles, como en la historia, como en los bríos de su cultura. Hoy Brasil se aplaude y se disfruta dentro de una cancha, como siempre ha sido y como a medida que avanzaron los años lo fueron mereciendo.

Hoy Tite es de los que se vuelve a emocionar y re encantar con el fútbol, es de los que valoran los logros que paso a paso se consiguen, es de aquellos que al enterarse que la clasificación al Mundial es una realidad, reacciona con naturalidad y humildad, es de aquellos que de seguro Sócrates, saluda con puño en alto desde el cielo. Bienvenidos de vuelta “malandros”.